8.7.10



Escuchar en plena lluvia los covers lindísimos de Bowie en voz de Seu Jorge, mientras armábamos la ida a Tepito y el Chopo.

Que mi guión se grabe y se transmita con 50000 kw de potencia en la capital ¿qué no-tan-provinciana soy ahora, DF?

Que mi investigador diga, en una reunión divertida y productiva, mi confianza es pecadoramente extrema.

Queso fundido con champiñones y cerveza oscura.

En el coloquio:
¿Cómo la tecnología afecta la manera en que recordamos?... Quizá el olvido sea una buena forma para guardar, guardar de verdad en la memoria.
Escuchar la historia de cuando Derrida quemó las cartas de su amante, porque ella se lo había pedido después de decirle "ámame de memoria".
Entre más registros, más capacidad hay de olvido.
La amnesia actual, plagada de imágenes y soportes tecnológicos.
Vivir, no fuera, sino dentro del instante.

Ver una exposición de orquídeas, y muchos Vicente Rojos.

Tener un Miró a 5cms de mi cuerpo.

Pararme frente a Las dos Fridas y, en el momento exacto en que la mirada se fijó, llorar en un museo con un cuadro que nunca imaginé pudiera hacerme eso.

Un llavero churpio con nuestra foto dentro, para respirar de tanta pulcritud y cosa sublime. Una corona para que la realeza de mi P se materialice, mientras reposa en sus sillones rococó.

Caminar, correr, caminar.

El cuadro de Monroy, hermoso, (que aparentemente sólo contenía) la palabra respirar.

Empaparme en una azotea entre amigos, abrazos, bebidas y un cielo sin estrellas.

Todo menos la chica, Los labios en llamas, La nueva ola.

Viaje al centro de la tierra, El erotismo de Bataille, estadística y monitoreo... Magritte hoy.

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