30.3.10

Limite sus desplazamientos a lo estrictamente necesario

Podía ver tu voz en ese cielo. Mi padre conducía y estaba al teléfono contigo, yo miraba por la ventana cómo terminan las calles, las casas... estabas lejos.
Supe todo lo que dirías en cuanto vi que era tuyo el número en la pantalla: era imposible abandonarme en un escenario más certero, el hombre que me ha dejado la vida entera debía escucharte a punto de la tormenta decir que te ibas... más lejos.
Mi vista seguía puesta en el camino, esta es la ruta despeñadero, la ruta del nosaberperder. Volver es siempre una derrota; sin embargo, existe algo al dar la media vuelta, al voltear atrás, que resulta irresistible.
Pasó lo obvio: irías a la guerra infinita en un país como el que iba llamarme, tan sediento como yo, con la necrópolis más antigua y ríos innavegables. Pelearías, pelearías, pelearías, pero además estarías con otra mujer.
Mi padre te deseó buena suerte, dijo que entendía. Yo no, yo nada. Te moverías en un país donde en los diarios se lee limite sus desplazamientos a lo estrictamente necesario. Miraba por la ventana cómo se acaba nuestro combate, cómo ibas a una guerra más grande e importante que la mía. Has sabido escoger tus batallas.

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