6.10.06

En estos días.

El tío Neto fue, literalmente, a poner luz después del huracán. De regreso pasó por aquí, a dejarnos sus historias: las suyas y de sus linieros.
Tres días después murió la señora que, incluso los bisnietos, pensamos nos enterraría. 105 años: toda la muerte por delante, y ella puro silencio, la piel cualquier papel de china. El abuelo se hizo cargo de los trámites funerarios. El abuelo ya no es prófugo, pero ni siquiera el haberlo sido me lo hace interesante.
He estado en cuartos blancos donde ocho personas se sientan a que les corra algo de vida por las venas, o más bien, algo de esperanza por tres horas. Y me dan ganas de pedirle a la enfermera una inyección, una sola, de lo mismo con que pretende curarlos a ellos, o al contrario, que me contagie alguno de ellos si fuera posible.
Estoy cansada de ver tanto y que a mí no me suceda nada.

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